«Antes de hablar considera lo que dices, por qué lo dices, a quién se lo dices, quién te lo ha dicho y quién escuchará lo que digas. Mide las consecuencias de tus palabras y calcula qué provecho resultará de ellas para ti y para los demás. Luego, pon tus palabras en la punta del dedo, hazlas girar mientras cuentas diez antes de pronunciarlas, y de tus palabras no se desprenderá nunca daño alguno.»
¡Ojala fuera siempre así!
ResponderEliminarA veces las palabras también pueden hacer daño, por mucho que las manosees entre los dedos.
¡Un saludo cafeteros!
Aun que yo siempre he sido más de bombón que de café con hielo ;)