martes, 9 de noviembre de 2010

Un café sin sentido

¿Qué no sabemos qué hacer? ¡Pues vámonos de excursión! Así unos amigos y yo decidimos hacer una excursión en coche a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe. Ésta se encuentra en un islote entre las localidades Vizcaínas de Bermeo y Bakio. No teníamos ninguna idea de cómo se llegaba hasta allí, pero contábamos con un GPS. Como era de esperar, nos acabamos cansando de este y decidimos guiarnos por nuestro instinto, cosa que no deberíamos haber hecho. Tras un largo rato en el coche y unas cuantas curvas tuvimos que admitir lo esperado: nos habíamos “perdido”. Sin darnos cuenta habíamos llegado a Elorrio, ¡en vez de dirigirnos a la costa nos habíamos adentrado en Vizcaya! Después de dar una vuelta por este pueblo, decidimos volver a la carretera y tras otras muchas curvas logramos llegar a Bermeo. Ya casi estábamos. Seguimos las señales y conseguimos llegar al lugar deseado, aunque no fue fácil, y pudimos disfrutar de unas vistas geniales de la costa Vizcaína. Sin embargo, mi compañera y yo abandonamos la facultad cuando ya habían salido todos los buses que nos podían llevar a casa. Mientras hacíamos tiempo, decidimos refugiarnos de las inclemencias del tiempo en la facultad de Ciencia y Tecnología. Al entrar, encontramos una máquina expendedora que nos persuadió para comprar un aperitivo y amenizar así la espera de los autobuses. Cuando estábamos fantaseando con que nuestra elección se quedará atascada dentro de la máquina, entraron en el edificio otras dos colegas de clase con nuestros mismos planes. Fue a una de ellas a la que se le atascó una palmera de chocolate. Ninguno de los cuatro dudamos en rodear la máquina y empezar a moverla, pero la palmera estaba enganchada. Por suerte, la máquina no detectó ninguna caída y devolvió todo el dinero. De esta forma, mi compañera pudo volver a intentarlo, esta vez consiguiendo una exitosa caída de un paquete de cacahuetes.

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